| Entrevistas: Berta Rosa Berriz |
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Sobre
Berta: Nació en Cuba. Ella es maestra
bilingüe, bailarina y narradora. Ha recibido varios premios y reconocimientos
por su trabajo. Por muchos años a dado talleres de enseñanza
sobre maneras efectivas para envolver a niños de diversas culturas.
Escribió un capitulo de un libro titulado "Lifting Every Voice,
pedagogy and politics of bilingualism." Actualmente trabaja para
una Escuela Pública en Boston como "Literacy Coach".
También es candidata de doctorado en la Universidad de Harvard
en la Escuela Graduada de Educación.
Preguntas y Respuestas
1. ¿Que ofrecen nuestras
familias Latinas como base de un buen desarrollo académico en nuestros
hijos (as) para cuando entran a la escuela?
· Un idioma importante, el español.
Nuestro idioma es un recurso para nuestro futuro, por eso es importante
mantenerlo.
· El respeto. Preparamos a nuestros niños a ser respetuosos.
Saben tratar a la gente mayor y le expresan cariño.
· La prioridad que le dan a la familia. Se dedican a ella. La familia
sirve como un estímulo para hacer un buen trabajo académico.
· Tradiciones orales. Tales como, juegos, canciones, adivinanzas,
cuentos, etc.
· Sentido de orgullo de cultura. Le sirven mucho al muchacho para
enfrentar futuros retos en esta cultura.
2. ¿Cuál es el
mayor reto que nuestros niños enfrentan en el sistema escolar?
· El racismo. El racismo es sistemático
y esta inculcado en el sistema cultural de esta sociedad. Mi primera experiencia
con el racismo en las escuelas públicas fue cuando me asignaron
mi primer salón de clase. Este fue un grupo de estudiantes que
eran "problemáticos" y los tenían segregados por
raza. A mi me asignaron el salón de los niños latinos.
3. ¿Qué diferencias
en general existen en como criamos a nuestros niños latinos a como
los crían la cultura americana predominante?
El niño latino se adapta al ambiente de los
padres. Ellos se crían en un mundo de adultos. El niño "americano"
es criado mediante una relación con su niño. Tiene mas conversaciones
con el. Toma en consideración sus opiniones e ideas. Comparten
y toman tiempo para leer libros juntos.
Generalmente, el padre latino tiene más confianza
en los maestros y esperan que ellos sean los responsables únicos
de la educación de sus hijos (as). Los padres "americanos"
cuestionan más los maestros y no intervienen más en su educación.
4. ¿Cómo podemos
preparar a nuestros hijos (as) para un buen desarrollo académico
en la cultura americana predominante?
Desde su comienzo, a los niños se les esperan
que hayan tenido diversas experiencias. Tales como, haber ido al parque,
museos y un sin numero de experiencias que les da un trasfondo para aprender
nuevas cosas e ideas. En mi experiencia, he notado que a los niños
latinos carecen de esa experiencia. Una de las razones es porque los padres
trabajan mucho y le dedican poco tiempo para conversar con ellos y compartir
de estas experiencias.
En mi opinión, yo propongo que se envuelvan
más en el desarrollo de su hijo (as). Exponiéndolos a diferentes
experiencias y oportunidades, envolviéndose desde su comienzo a
la educación de sus hijos. Que estén al tanto de lo que
los maestros le enseñan o no les enseñan. Si es posible,
que sean voluntarios en la escuela de sus hijos (as) y le den motivación
para que les guste aprender y participar en la escuela. Es importante
que los niños vean que sus padres tienen expectativas de ellos.
5. ¿Qué servicios
existen para ayudar a los padres latinos con sus retos?
Existe apoyo para padres en varios lugares. Tales
como:
· Grupos de padres en su comunidad
· Programas en las escuelas de antes y después de clase
· En la biblioteca publica
· Ser voluntarios en las escuelas de sus hijos (as).
6. ¿Qué experiencia personal ha tenido
que quiere compartir con nosotros?
Yo tuve la oportunidad de escribir un capitulo de
un libro titulado, "Lifting every voice, Pedagogy and politics of
bilingualism." El siguiente es un segmento que quiero compartir con
ustedes sobre mi experiencia con uno de mis alumnos
.

Excerpt from Raising Children's
Cultural Voices: Strategies for developing literacy in two languages
A story from our two-way
bilingual third grade classroom
It's Tuesday morning in our two-way bilingual third grade classes. Eramos
de una visión...la música de su corazón is playing
softly as the children write in their morning journals. Ramona Mejia,
my teaching partner, and I are talking about the day in the doorway between
the Spanish and English classrooms. Then it is time for morning circle.
The chékere--a beaded gourd instrument calls us to order. Each
child says their name and the group responds and echoes. Echoes of names
bounce back around the circle as we play the whispering name game. Yismilka/Yismilka,
Rodney/Rodney, Maria/Maria, Frederick says Federico with a nervous smile.
The game stops. Federico has changed his name over the long weekend.
"Federico, let me tell you a
story of how I lost my name in third grade." I tell Federico and
the class this story:
My name is Berta... Berrrrrr-ta.
I was born in La Habana, Cuba. When I was in third grade my family moved
to this country. I spoke no English. The folks at the school spoke no
Spanish. Sadly, not one my twelve blond, blue-eyed, third grade guardian
angels could say Berta. "Bbbbbbb-eeeeee-rrrrrrrrrr ... como tren,
ferrocarril, tigre: rrrrrrrrrr ..." Not one. I decided that I had
to teach my new classmates how to pronounce my name. I gave lessons during
recess and after school. I recited the rhyme: "Erre, con erre cigarro,
erre con erre barril, rapido corren los carros sobre las lineas del ferrocarril."
The teacher told me that I must change
my name to something Americans could pronounce easily: Bertha - but there
is no thuh sound in our Spanish. We are Cubans, we are not a colony of
Spain, we do not use the royal lisp. I had to practice th-th-th-th, and
discovered, instead, zzzzzz - another sound not found in Cuban Spanish.
At lunch, the second week of school,
I eyed the tray of grilled American cheese sandwiches and the white milk
without sugar - food I could not eat. I was gagging at the prospect of
swallowing that bland white stuff all at once - the food stuck in my throat,
like the name they wanted me to adopt: Ber-thz-thz-thz... Ber-zzzz-a.
Not my name, not my name! I lost my name, my spirit.
Frustrated and disappointed, I compromised
by calling myself "Bert" while reluctantly answering to "Bertha."
Without the support and encouragement of teachers and other adults it
took me ten years to reclaim my name, and with it, my Cuban identity.
But at 18 years old I declared, proudly, for all to hear: ¡No! Me
llamo Berta. ¿Te gusta? Berta. "So Federico, I tell you this
story so that you never give up your name. Keep on, Federico! Federico
" we whisper back.
The ritual call and response of names settles. Others
around the circle share stories about their names, nicknames and namesakes.
Miguel was named after his father's favorite uncle. Marilyn was carries
the name of her great grandmother who was an important matriarch. Kevonia
was called Kiki by her sister and now everyone calls her Kiki. Joshua
has carrying his father's name and his sister their grandmother's name
who is still in Puerto Rico. Each name is a thread on the weave of the
family heritage regardless of the immigration route.
Si quiere comprar el libro,
favor de ir a: www.gse.harvard.edu/hepg/pc
y busque por "Lifting Every Voice, pedagogy and politics of
bilingualism." Zeynep F. Beykont, Editor.
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